- Me pica la espalda. La puta que los parió. - murmura. Intenta mover el brazo pero lo vence el cansancio. Se desabrocha un botón. Vuelve a mirarla. Mira el portarretratos. Se concentra en el sonido de las agujas del reloj de la cocina, estornuda, se quita los zapatos. Posa su mano sobre ella, la que le habla, la que le pide que plante bandera blanca. Tocan a la puerta. No se levanta. Entrecierra los ojos y posa sus manos sobre la cabeza. Los golpes a la puerta se repiten cada vez con mayor frecuencia e intensidad. Toma el control remoto y sube el volumen de la televisión pero lo único que escucha resonar son las agujas del reloj, una tras otra, tras otra, tras otra... Vuelve a mirarla. Se pone de pie. Son las tres de la mañana y hace calor en la noche porteña.
jueves, 29 de enero de 2015
Lo probable
Gritos en la televisión lo despiertan repentinamente. Se tambalea en la silla. Está sudado y sostiene una pila pequeña de fotocopias en la mano izquierda. Mira la hora en su reloj. Parpadea varias veces. Contempla el panorama de su mesa: copias de copias de documentos, algunos manchados con café, tres lapiceras Bic azules, cuatro resaltadores amarillos, un billete de veinte pesos, dos bandas elásticas, un plato vacío y una taza blanca posada sobre un viejo ejemplar del Código Penal. Lee algunas palabras sueltas: "implicación", "sostener", "testimonios". Se frota los ojos, arremanga su camisa. Mira la pantalla frente a él. Lo hace reír la cara de loco de Brad Pitt en Doce monos. Se dirige hacia la cocina y sirve un vaso de agua fría. Se detiene cuando está a punto de tomarlo. En lugar de eso lo arroja entero sobre su cabeza. Descarga una onomatopeya de suficiencia, cierra los ojos y sonríe. Vuelve al comedor a paso lento. Contempla una imagen sobre un mueble plagado de adornos. Dos niñas pequeñas sonríen posando junto a Mickey Mouse y Buzz Light Year en lo que parece ser Disney. El hombre esboza una mueca indescifrable, tose un par de veces y da vuelta la fotografía hacia la pared. Camina lentamente hasta el sillón y se desploma. La ve, reposando imperturbable bajo un pañuelo verde. Se pregunta qué misteriosa fuerza externa nos obliga a creer en la vida.
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