jueves, 19 de septiembre de 2013

De piedra

 La vida de un barrio está llena de historias. Como la historia de La casa de Piedra, cuna de un mistisismo sobrevalorado. Los más entusiastas aseguran que en su interior se esconde el secreto de un pasado triste y violento, cubierto de muerte. Otros, confrontando en ocasiones sólo para permitir que esta anécdota mundana se transforme en cuento, se revuelcan en su escepticismo. Comparan a modo de parodia estas leyendas con la Ceremonia Secreta de Marco Denevi, evocando la "magia negra" más que alguna similitud en los hechos narrados. Lo cierto es que en Lobosuelto, pequeña localidad sureña de Buenos Aires, la Casa de Piedra era un escenario de lo desconocido. Los vecinos ignoraban el motivo de su nombre. Era de madera oscura, de moho añejo, de tenebrosas enredaderas. De todo, menos de piedra. "La fraternidad de los Lucatti sometía a niños pequeños en rituales de ofrenda divina. Cubrían casi todo el suelo de la sala con piedras, para ellos símbolo de espíritu. De allí el orígen del nombre", asevera Lucía Sobremonte, tataranieta de Juan Lucatti, jefe de la supuesta fraternidad. Este y otros testimonios formarían parte de una investigación impulsada por el periodista Alfredo Rosas, de la que nacería el libro "Mitos de piedra". Allí figuran, entre presuntas imágenes de los rituales y artículos periodísticos, copias de documentos originales que Lucía sólo aceptó mostrarle a Alfredo, por "confiar en su profesionalismo" (muchos creen que un viejo romance los mantiene cercanos). Los documentos detallan hasta el cansancio las normativas de los Lucatti, su manera de proceder y los criterios de selección de sus victimas -en los escritos llamadas Regalos-. Descripciones de métodos de tortura se extienden a veces hasta las veinte páginas, con el fin de que el lector experimente casi en carne propia "la satisfacción liberadora que los Regalos experimentan ante la sanación definitiva, otorgando al TodoPoderoso el tesoro del suplicio" (pág. 45 del libro, junto a la fotografía de Emilia Lucatti, hermana de Juan). Máscaras medievales, sopletes, picanas, navajas y otros elementos del horror eran protagonistas de un tormento impensado que naufragaba en una música descripta en los textos como enajenante y reparadora.
 Sin embargo, y a pesar de que en Lobosuelto las ilusiones de un dato innegable resisten como acero inoxidable, es necesario repasar qué es lo claro de esta Casa hasta el día de hoy. Las imágenes recolectadas son difusas: pueden haberse tomado en cualquier otro hogar. No hay fechas escritas al dorso de los pocos ejemplares originales que Lucía ha accedido mostrarle a la prensa. No se reconocen rostros y lo que podría ser una sesión de tortura-ritual, luego de unos minutos de observación se convierte en una danza de manchas luminosas, abierta a más de una interpretación. Sobremonte no tiene fotografías de sus parientes ni manera de comprobar que realmente lo fueron. La mujer cuenta que su vieja casa se incendió hace ya 20 años y lo perdió casi todo. Ningún vecino puede afirmar o desmentir sus dichos. Expertos en linguística y redacción del Departamento de Investigaciones de la Policía Federal han declarado que los pergaminos recopilados en "Mitos de piedra" sufrieron modificaciones, a veces hasta de párrafos enteros, por parte del autor. "El tiempo borroneó algunas páginas, siendo imposible transcribirlas textualmente, por lo que decidí recurrir a mi sentido común y rellenar espacios en blanco", confesó Rosas tiempo después de la publicación de su libro. Así, lo que podría haber sido un esclarecimiento suficiente para contentar al barrio y sus alrededores se convirtió en otro cómico dogma de la niebla que rodea esta historia. Las víctimas que relatan los archivos nunca fueron denunciadas como desaparecidas, y sus cuerpos jamás fueron encontrados en los lugares especificados. No obstante, las ubicaciones de los mismos tiene una particularidad: se cuentan en un lenguaje desconocido, con palabras escritas al revés, otras en latín y castellano antiguo -aunque con letras de más colocadas aleatoriamente-, abreviaciones, números y signos de puntuación. El Departamento de Grafología Forense de la Nación logró descifrar el código de escritura, pero Sobremonte argumenta que algunos significados son ambiguos, otros demasiado dolorosos como para ser comprendidos, o sencillamente se podría haber cambiado la metodología de interpretación con el correr del texto, a fin de despistar e intrigar aún más a los curiosos. Por otra parte, declara la anciana, las víctimas no fueron denunciadas porque "sus padres tenían causas policiales de abuso de drogas, además el miedo dominaba sus acciones al pensar en esa Casa". La niebla incongruente de nuestro relato se vuelve tan espesa que sólo atisba a aumentar la intensidad de las inciertas charlas en los asados de domingo.
 Micaela, con 5 años y cientos de rulos, paseaba con su bicicleta por la calle Palos Verdes. Decidió desviarse del camino a la casa de su abuela sólo para disfrutar el fresco de las sombras en las calles internas, acompañada por el crujido de las hojas otoñales contra las ruedas. Escuchó gritos que venían de una vieja residencia abandonada. La pequeña estaba lista para acudir al rescate de quien sea que estuviese en peligro, pero justo antes de pisar el umbral sintió una extraña presencia que la paralizó unos instantes. La niña reaccionó y huyó despavorida hasta el vehículo para llegar lo más pronto posible al encuentro de su abuela Lucía. Ella supo de inmediato que un testimonio joven le daría el toque de veracidad que le hacía falta a esta investigación, ajada por la impostura de los envidiosos y su cizaña. Sabía que era sólo otro juego en la rifa de la esperanza que se sorteaba todos los días, desgatando a una localidad podrida por la impaciencia.
 De todas formas, si a Lucía Sobremonte le creían o no todos los interesados, aficionados, investigadores más o menos serios, deductivos de fin de semana o para-psicólogos fabuladores, eso no modificaba su presente: seguía siendo la dueña del único hotel en Lobosuelto, hospedaje de cientos de turistas que ansían conocer La Casa de Piedra cada año.

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