Apretó el gatillo y se dio cuenta de que estaba sola en aquella calle oscura del viejo San Telmo. El disparo hizo temblar el aire y resonó en las ventanas de toda la cuadra. Dejó caer el arma y nació de su corazón la fuerza para correr. Sentía que cada paso le astillaba los huesos de las piernas, a cada segundo, como un calambre infinito. "Dios mío, dios mío, ¡rápido, rápido!", murmuraba cada cuatro baldosas. Llegó a su departamento, se quitó los guantes y sufrió sus dedos congelados por el frío. Arrojó toda la ropa en el cesto de basura y entró a la ducha. El agua caliente comenzó a derretirle los poros lentamente, mientras pensaba cuál sería el discurso si le preguntaban por él. "Buenos días. Sí, señor oficial, pase. ¿En qué puedo servirle? ¿Cómo? ¡No puede ser! Si hace unos días nomás charlamos en el ascensor, ¡por dios, qué tragedia! Un chico tan joven... Por supuesto, lo que sea para ayudar. Sí, éramos vecinos. Teníamos diferencias pero dialogábamos, claro. Sí. Parecía un muchacho normal, un pibe de barrio. ¿Café? ¿Seguro? Bueno. Sí, muy atento, sí. A su madre la verdad no la conozco, pero seguro ha de ser una buena mujer". Roció un poco de shampoo en su mano y lo hizo espuma. Sonrió. Una cucaracha empezó a caminar por la pared. "No, oficial, no escuché ningún disparo. Qué horror. Este país se va al carajo, hay que hacer algo urgente. Más o menos a las 22 hs ya estaba en la cama. Sí. Es increíble, espantoso, acá nos conocemos todos. Claro. Sí, guardo su tarjeta y si recuerdo algo más lo llamo. No me olvido, no. En absoluto. Mi más sentido pésame para la familia. No es molestia, oficial, hasta luego". Miró fijo al bicho frente a ella y lo aplastó bien fuerte, como un insulto a la piedad. Volvió a sonreír.
- Así de aplastado te dejé, pendejo de mierda. A ver si en el Más Allá aprendés a no robarle el diario a nadie.
El ruido del timbre la sobresaltó de tal forma que en un tropiezo fugaz lanzó un grito ahogado y su cabeza dio contra el borde de la canilla. Mientras se multiplicaban los timbrazos, la sangre diluida seguía tiñiendo la bañera.
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