domingo, 27 de diciembre de 2015

Capricho edípico

 Sabés, nada es tan malo en la barra del bar. Al menos eso me enseñaron en la calle, al menos no cuando estoy solo. Nada es tan malo en la barra de mi bar, ni siquiera yo mismo. Mi bar. Lo hice mío cuando vi esa caricatura de Elvis colgando en la pared del baño con un micrófono de oro en la mano, rodeado de notas musicales. Siempre meo tarareando "Love me, tender". Me gusta llegar empujando la puerta como con rabia, entrar fijando la vista en el piso, acomodarme en mi lugar de siempre, dejar la campera de jean a un costado y que el viejo sepa lo que voy a pedir. El whisky es sin hielo y mis viernes sin vos, hace un año entero. Trescientos sesenta y cinco días escabiándote. La moza rubia que un poco me coqueteó ayer pasa y dispara una sonrisa que me impulsa a buscarte en mi memoria, a contarle los dientes solo para compararlos con los tuyos.
 Un día como hoy, un año atrás, me reemplazabas por un hippie con OSDE, licenciado en Ciencias Políticas, que quiere cambiar un mundo arruinado, condenado como nosotros dos al sinsentido y la miseria. Cambiaste "Donnie Darko" por "Into The Wild". La vida es un ciclo de mierda tras otro, Luana. Lo sabés. No estás leyendo pero igual escribo porque lo sabés bien. Escribo y voy a confundir los recuerdos y los tiempos verbales en esta vorágine de aniversario por demás patética.
- Rodrigo, no te das cuenta de que te acostumbrás a todo. Para vos nada está mal. Me aburren los que dicen siempre que sí.
 Y yo que nunca encuentro las mejores palabras cuando más las necesito atiné a sonreír y brindar a tu salud, mientras te alejabas entre la multitud de la fiesta. Qué linda que sos cuando te vas. Sonaba Ráfaga o Leo Mattioli, no recuerdo bien, pasa que para mí eso es todo medio lo mismo. Tal como me reprochaste.
 Tengo todos tus mails guardados en una carpeta que se llama "Forra de mierda". Si me preguntás te voy a decir que no pienso que lo seas. No quiero pensarlo. Necesitaba un nombre inmaduro para marcar distancia pero que no fuera "Spam" o "Papelera". Porque eso sería maduro, supongo. Me pregunto si otras parejas también tendrán la costumbre de "mailearse" aún viéndose con frecuencia. Casi todos los correos tienen asuntos graciosos como "Lisa, aquí te va un amigo" o "Basta, chicos". Me veo obligado a declarar, con esta soberbia herida pero sincera, que te regalé un humor distinto. Antes eras más del estilo "Sin codificar" o youtubers sin gracia. Creeme, te va a servir para coger con muchos chabones copados de ahora en adelante. De nada. 
 Acaba de entrar un grupo de pibas adolescentes con shorts demasiado cortos y tacos altos que ríen a los gritos de la nada misma mientras buscan mesa. Una está descalza, pienso en acercarme para preguntarle por qué o hacer algún chiste estúpido mientras me invito a sentar pero no lo haré. También debo sentenciar, con esta humildad herida pero sincera, que me regalaste el sentido del pudor. Me enseñaste que no vale la pena animarse a absolutamente todo y que algunas ideas son más ocurrentes cuando no las llevamos a la práctica. Gracias. 
 Ahora voy por mi tercer vaso de náufrago. Eduardo me cuenta desganado que la señora se quiere ir de vacaciones a Cataratas pero están complicados de guita y yo deliro con Scarlett Johansson haciéndome un pete en el auto mientras suenan los Stones de fondo. En el bar y en el auto también. Cuando mi fantasía acaba, en sentido literal y figurado, recuerdo lo bien que me la chupabas. Era un ritual casi religioso que disfrutaba al máximo: el labial rojo, el pelo atado bien tirante, tus ojos y la sonrisa final, siempre oportuna y gustosa. Me preguntabas si me gustó con la mirada y siempre respondía que sí en silencio. Ojalá se callen estas pendejas de mierda en algún momento, están empezando a amargarme. Sí, más.
 Sé que mis amigos preguntan a las puteadas dónde carajo estoy en el grupo de WhatsApp porque se juntaron a comer un asado y no confirmé ni negué asistencia. No abro los mensajes.
- ¿Otro más vas a tomar, Rodriguito?
"Maldita sea, por qué todo con -illo" pienso y sé que lo comentaría por lo bajo para que te rías conmigo. 
- Dale, uno más.
 Hago una pausa y me arrepiento.
- No, mejor dame una Heineken bien fría.
 Me levanté y llevé la botella hasta la mesa de la gritonas. Se las regalé al tiempo que exclamaba:
- ¡Los corazones rotos son para los idiotas, chicas! ¡Nunca se enamoren pero sean felices!
 Rieron con más fuerza que nunca. Estúpidas quinceañeras en nubes de pedo liberales.
 Desaparecí entre la niebla de un Flores denso y oscuro que olía a vos los martes por la mañana. Diez minutos después, abandonaba todos los caprichos edípicos señalados por mi analista escuchando Los redondos en el taxi que me llevaba lentamente de vuelta al nido vacío.
 Me olvidé la billetera, la puta que me parió.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario