Tengo mil puteadas atragantadas para tu dominación.
Estoy harta, te juro que si pudiera, si encontrara motivos que valgan más la pena, te ahorcaría, mutilaría cada uno de tus gestos sin piedad, te cagaría bien a trompadas. Pero no puedo y sólo soy esta ira vencida, este esfuerzo inútil por aniquilarte para siempre. Sé que no hice para nada bien en darte la vida, en regalarte un pase libre a mis miserias para que las manipules violentamente cada vez que encaro algo nuevo. Fuiste naciendo de a poco, haciéndote un lugar en mí. No es justo, no tenés derecho, me obligás a ser cada vez más inútil. Porque sí, es tu culpa y de nadie más que hoy no sepa dónde estoy, a dónde quiero ir ni quién quiero ser realmente. Con vos sólo puedo inventarme el mismo mañana, vacío, llano, denso, plagado de bicectrices, con un autoestima rellenado de opiniones ajenas, redes sociales, horas de sueño, sexo, cerveza y cigarrillos. Es tu responsabilidad que no pueda ver más allá de mi comodidad, que no encuentre o no quiera encontrar la manera de progresar, o al menos formarme la idea de progreso en mi cabeza. Es por vos que no busco bien mi norte, que pospongo responsabilidades y todo queda relegado a voluntades difuminadas, pobres.
Lo único que me dejás valorar son mis cuentos, con los que también soy exigente pero sólo en intenciones porque no practico esa exigencia, nunca la pongo en marcha.
Si es que logré algo en todos estos años no te lo debo en absoluto. Fueron chispazos de amor propio que emergieron de lo poco que ha sabido movilizarme ante un desafío. Pero no, a vos te debo los fracasos, el desánimo, la cabeza gacha, las lágrimas, los caprichos, el desencanto, sentirme menos, compararme, dudar, tener miedo, abandonar. Me enrrabia darme cuenta de que los traumas no resueltos, las relaciones fallidas, las peleas familiares, la necesidad constante de afecto y aprobación, todo eso existe y existió porque fuiste demasiado cobarde como para proponerme otra cosa, como para ayudarme a avanzar.
Me acostumbraste al "no puedo, entonces no quiero ni intento", a refugiarme en el anonimato del que no termina lo que a duras penas busca empezar. Todos mis demonios afloran de tu incapacidad para lidiar con las derrotas.
Entusiasmos efímeros, dependencia, excusas, mentiras. Ladrillos con los que construís todos los días este castillo de mierda en el que vivo secuestrada. En el que paso las horas castigándome por el pasado, buscando algo que me convenza de que hay vida afuera. Y no salgo porque hay alarmas que resuenan cada vez que piso el umbral, recordándome por altavoz: "no vas a poder, es demasiado trabajo, abandoná", "¿estás segura de que esto es para vos?", "no vas a durar mucho tiempo", "a otros les va mejor que a vos y lo intentan menos", "quedate quieta y descansá un rato mejor".
¿De qué pobres madrugadas, de cuántas horas desperdiciadas en pelotudeces nace este patetismo sin igual? Que se suicide de una vez el desvelo de lo fácil. Necesito dejar de complacerme. Salir de la zona de confort es la única manera de aprender algo. Y es por vos que soy prácticamente ignorante en la materia.
Estoy cansada de tu sonrisa sádica y monstruosa que disfruta verme caer, que se sabe indispensable. Este es mi límite. Me arrepiento de haberte dado tanto poder. Quiero proclamar que estoy completamente perdida para hacerte desaparecer, para que te conviertas en aire y por fin logre respirar, levantar los hombros y caminar mi propia verdad . Lo sé. No existe otra manera de revivirme.
Y es así, es hoy, que me juro no volver a maledecir nunca más frente al espejo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario